Ahora, los sábados

Por Alberto Burgos • 8 Jul, 2008 • Sección: Opinión

Alberto Burgos.-

Justo al inicio de la temporada de vacaciones escolares, cuando las calles se despejan un poco, en días hábiles porque los escolapios ya no se movilizan, y el fin de semana porque sus padres aprovechan, quienes pueden, para salir de la ciudad, el gobierno capitalino decidió extender el “hoy no circula” a los sábados, porque así se agiliza el tránsito y la contaminación disminuye, dicen.

Hace casi dos décadas que el sistema de restricción vehicular se estableció en la ciudad, de lunes a viernes.

Se hizo entonces con engaños. Se dijo que sería una medida invernal, cuando las condiciones climáticas hacen más grave la contaminación atmosférica, por el fenómeno conocido como inversión térmica.

Al final, se quedó para siempre, y lo que como limitación temporal hubiese sido positiva, como prohibición permanente produjo rápidamente el efecto contrario.

Ya se sabe que no todo mundo tiene coche, y que para la mayoría de la población, hacerse de un auto representa un sacrificio económico considerable.

Pero en los estratos socioeconómicos más altos, el tema se resolvió de manera muy simple: con la compra de otro vehículo.

Los más felices fueron los dueños de las agencias automotrices, pues se beneficiaron de una demanda creciente en el principal mercado de todo el país.

En la siguiente década el parque vehicular en la ciudad de México y la zona metropolitana creció a más del doble, y como luego se complementó con la disposición de verificar los motores y con el invento de las calcomanías “cero” y “doble cero” para los carros nuevos, las ventas de los distribuidores de autos en realidad de multiplicaron por tres o cuatro.

Y hasta la verificación se convirtió en un negocio más para las arcas gubernamentales, a costa por supuesto de los automovilistas. Un solo ejemplo de ello: la calcomanía “doble cero” se cobra mucho más cara que cualquiera de las otras, cuando en teoría lo que se paga es el costo del servicio, y no un impuesto a erogar cada cierto lapso, único motivo que justificaría fijarle una mayor tarifa.

Como siempre, la medida sabatina afectará a la población con menos recursos. Son quienes tienen vehículos viejos, que ya entre semana son obligados a parar un día.

Pequeños comerciantes, o quienes complementan su salario con oficios o servicios que ofrecen el fin de semana, o trabajadores que ante la imposibilidad de realizar sus compras o atender asuntos otros días, lo hacen el sábado.

Que la hagan cuando puedan, parece ser el mensaje de las autoridades.

En cuanto al transporte público… ésa es una materia olvidada.

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