El fracaso de los 100 días
Ricardo Alemán
Itinerario Político
¿Y ahora qué van a decir? Que la inseguridad es por el cambio climático
El problema no es de hombres o voluntarismo, sino de diseño institucional
Ante el dato duro de violencia e inseguridad, y la contundencia del cinismo y la negligencia, ninguno de los tres poderes u órdenes de gobierno puede decir que cumplió con el pacto “anticrimen”.
En horas se habrán cumplido 100 días de lo que aquí motejamos como “la llamada a misa” —Itinerario Político, 25/08/08— que reunió a la República el 21 de agosto, y en donde poderes, gobiernos e instituciones pactaron 75 acciones para combatir inseguridad, criminalidad, violencia e impunidad, y con ello recuperar para el ciudadano la libertad y la vida.
¿Y qué pasó en esos 100 días? Los titulares del Ejecutivo, Judicial y Legislativo nos podrán decir lo que quieran, misa si así lo desean, pero la terca realidad convertirá en verborrea, demagogia, alharaca sus respectivos discursos, sin contar con espectáculos de pena ajena —como el que prepara el presidente de la Corte, Guillermo Ortiz Mayagoitia— quien saldrá en defensa de la pulcra imagen de sus muchachos, luego de que el presidente Calderón sugirió que la Operación Limpieza también pase la escoba por el Poder Judicial.
Y en las próximas horas veremos a la República reunida en un nuevo acto de contrición, todos ellos compungidos, alcanzados por los efectos mediáticos de los nuevos reclamos, pero firmes, valientes, con los bríos recuperados para volver pronto al campo de batalla. El Congreso podrá sacar una reforma al vapor, la Corte defenderá a ultranza la limpieza en la práctica de la justicia, y el Ejecutivo nos hablará de cambio de rumbos, de nuevas estrategias, de relevos en el mando…
Pero todo eso se vendrá abajo cuando la terca realidad nos muestre que no han resuelto el caso Martí, que les valió el descontón del “si no pueden, renuncien”, tampoco el caso Vargas, que casi los derriba con el “no tiene madre”, como tampoco han resuelto decenas de casos de secuestro, asalto, robo, asesinatos… Y no hablamos de los periodistas, porque ese es un asunto que menos les importa.
Cuando los datos duros nos aplasten con cifras de que precisamente los más recientes 100 días —los primeros del pacto “anticrimen”— han sido los más violentos, de más ejecutados, secuestrados… y el trimestre en donde con mayor claridad se exhibe a los ojos de todos que la primera de las 32 entidades del país ya cayó en manos del crimen organizado y el narcotráfico. Nos referimos a Chihuahua, entidad que ya puede ser declarada independiente, y gobernada por el crimen organizado, que pronto acuñará su propia moneda, que ya impuso su ley, que recolecta impuestos para dar protección de sus propios criminales…
Ese 25 de agosto pasado dijimos aquí: “Ahora resulta que pedir cuentas a los servidores públicos, reclamar que cumplan, es una suerte de agravio social hacia esos siempre trabajadores, infalibles, incansables, acertados y geniales servidores públicos. Y eso que el llamado Pacto por la Seguridad no fue más que un insuficiente y poco eficaz llamado a misa. ¿Por qué un llamado a misa? Porque van los que quieren, se confiesan los que quieren, cumplen la penitencia los que quieren… y los que no quieren, no van, no se confiesan, ni cumplen la penitencia. Y claro, no pasa nada”.
En los 100 días, ¿cuántos jueces, fiscales, ministerios públicos, alcaldes, gobernadores, legisladores fueron investigados y, en su caso, sancionados? ¿Cuántas nuevas leyes aprobaron, cuántos nuevos penales se proyectaron, cuántas políticas de readaptación social se cambiaron… Sí, cacarean la Operación Limpieza. Pero no dicen que es sólo “la puntita” de un continente de corrupción, impunidad, ilegalidad y negligencia sobre la que se mueven prevención y persecución del delito.
Nadie parece dispuesto a ver que el problema no es de hombres, tampoco de voluntarismo, y menos de “fontanería”; el problema, según los especialistas, es de un edificio institucional construido no para los huéspedes que reclaman democracia, alternancia, pluralidad, ejercicio de libertades básicas… sino que el Estado mexicano, el presidencialismo, su sistema de partidos, de justicia… están en una casa construida para el autoritarismo, la antidemocracia, la simulación política y de justicia.
Y en ese edificio se mueve a sus anchas el poder fáctico del crimen organizado y el narcotráfico. El problema no está en echarlos del edificio, sino en construir uno nuevo, claro, en donde no haya lugar para ellos.
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