La nueva epidemia
Por perionotas • 5 Ago, 2008 • Sección: OpiniónAlberto Burgos
En el transcurso de unas pocas décadas, la población mexicana ha pasado de tener graves problemas de desnutrición –no superados aún del todo– a la nueva epidemia que no es nadamás nuestra, pero en la que estamos en las primeras filas: la obesidad.
Actualmente, México ocupa ya el segundo lugar en la proporción de obesos, sólo detrás de Estados Unidos, pero los pronósticos apuntan a que en los próximos años los superaremos.
Como se divulga con frecuencia, no se trata exclusivamente de gordura o de moda por la delgadez; al sobrepeso, sobre todo a medida que se acerca la vejez, se asocian diversas enfermedades y padecimientos: presión alta, males cardíacos, diabetes, entre los más graves.
Y aunque gordos siempre ha habido, diversos factores inciden para que el fenómeno haya adquirido la condición epidémica que ahora alarma a médicos y autoridades.
Por un lado, la evolución de la industria de alimentos y el comercio ha llevado hasta a los más apartados rincones del territorio frituras, golosinas, y todos los innumerables productos conocidos como comida chatarra.
En las ciudades, las premuras y presiones de la vida moderna casi han desaparecido la antigua costumbre de la comida casera, para sustituirla por la “comida rápida”, pletórica de calorías, aunque igualmente por las calles sobreviven toda suerte de garnachas, generalmente aceitosas.
Al mismo tiempo, las personas han pasado al sedentarismo, desde los niños que han cambiado los juegos y rondas de otros tiempos por las diversiones electrónicas y cibernéticas, hasta los adultos que en sus actividades hacen de todo, menos mover el cuerpo.
Actualmente para muchos y muchas el trabajo es la estancia en una oficina frente a una computadora y un teléfono, o en el más agitado de los casos, vigilar el correcto funcionamiento de la maquinaria en una planta industrial. Y divertirse es irse de antro.
Caminar lo evitamos todos. Un buen número de quien se dice pobre tiene por lo menos una carcachita; los que no, procuran que una “pesera” los deje a media cuadra y no en la esquina, para no mover los pies.
Para contrarrestar esa tendencia, los más pudientes pagan en gimnasios de todos los precios para que los dejen hacer ejercicio, levantar pesos, correr o escalar. Pero son los menos.
En esa dinámica, lo raro sería que no subiésemos de peso. Hasta reventar.
Lo difícil será cambiar la inercia. ¿Usted va a bajar de peso?
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